
Bodega de Maniquíes de Ramiro Lacayo Deshón
hoy tenías mucha gente en tu vigilia
quedaba un sol de azúcar desnudándote
y le sonreiste a los extraños
ofreciste la cera de tus sombras
con cenizas de alumbramiento
y fueron más hábiles las curvaturas
en tus dedales y tus fiebres
no sabía que ambicionabas deseo
un paseo a la mentira de tu ropa
unos ojos que se quedaran
como una lamida sonámbula
pensando y regresando
no sabía, de tí, lo desnudo
un beso en la espalda de mujer
unos hombres rotos para el rojo
como hogueras en la niñez del tiempo
donde nada termina incendiado
unas manos, todas las manos
todo el caminante asesino de la luz
las quietas respuestas del invierno
y la piel adolorida que gime
como un beso de serpientes
al acoso del tocador
tan igual eres amanecido
vestido, terminado en trances
astral en tu furia de relojes
ah, que invencible eres mintiendo
rogando el tedio a las paredes
descubierto en las retinas que tiemblan
envilecidas en tu muralla
aunque queda un extremo
que no besas, y no comprendo
queda una herida explicando el viaje
quedan rumores de pozos olvidados
quedas tú, con un barco perdido en la mano
las manos, todas las manos
hay algo mío en la canela que te desnuda
un nombre con la mujer que no amo
el repetido ropaje de los espejos
la unción de la furia por tu cintura
tú y yo, otra vez mirando la muerte
la tuya, y la que espero
sedientos al nudo de los tránsitos
brillantes por el sueño sin aire
oh, que yo no sé de tí
ni la espina, ni el abismo
tú eres como ella en las vitrinas
oculta y celeste con su miedo
remota al zumbido de la tierra
y desprendida, como un azogue que calcina
como una letra que empieza
palpitando libertad, y de repente
como un reposo
se recuerda con cauces de vigilia
se recuerda en el vacío
junto a la sonrisa de los extraños.
marioantonio rosa.2009




